Lo decía aparentemente convencido: "¡Sí, hubo sabotaje, fueron esos del SME los que provocaron todo el relajo, todos los apagones! Y lo hicieron en colonias donde vivimos gente más o menos acomodada, para que protestáramos, para que presionáramos al gobierno para que los vuelva a contratar".
Le escuché, le pedí datos concretos, pruebas, no suposiciones, le dije que si acaso antes que pensar en el sabotaje no había que pensar en que en el Valle de México durante más de 24 horas soplaron vientos a una velocidad cercana a los 50 kilómetros por hora, y no dejó de llover.
No, no tenía nada más que decir, repetía rumores, sentenciaba;: "Pues a mi nadie me quita de la cabeza que fueron esos del SME".
Y digo que terminó de morir porque dejó de vivir poco a poco, desde aquella tarde del 23 de marzo de 1994, cuando, en Magdalena de Kino, Sonora, le informaron que Donaldo, su hijo, estaba herido.
No dijo nada. Apretó los labios. Su rostro enrojeció intensamente. Quienes le acompañaban pensaban que le daría un infarto.
La lluvia era discreta, suave.
Un vientecillo frío llegó hasta mí.
Era temprano, faltaban unos quince minutos para la hora de la cita. Me puse a recordar entonces que en ese lugar, el restaurant Los Girasoles, junto al Museo Nacional de Arte, frente a la vieja estatua de El Caballito, presentamos en diciembre de 1995 mi primer libro.
Después de ese acontecimiento, casi un año más tarde, me fui quedando sólo, parecía que caía en desgracia, varios que consideraba amigos, me dieron la espalda, no me tomaron las llamadas. Pero...pasó el tiempo, crucé el desierto, me encontré, seguí, sigo. Y...
Y pensaba en eso, cuando llegó ella.
Era conocido como "Comandante Atilio", el máximo líder del Ejército Revolucionario del Pueblo, el ERP salvadoreño y de los fundadores del Frente Farabundo Martí.
Se destacó, señalan sus diversas biografías por ser un hábil, talentoso estratega en la guerra de guerrillas. Se caracterizó en esa lucha contra los gobiernos de su país por su extraordinaria inteligencia y una impresionante frialdad para tomar decisiones o para ejecutarlas él mismo. De los duros pues.
Posteriormente, fue de quienes participaron en las negociaciones y en la firma de los acuerdos de paz tras los cuales, el FMLN pasó a la vida política institucional de su país.
Desde luego, dar una declaración sobre un tema tan delicado, tan doloroso, alarmante para todo el país como la matanza de jovencitos en Ciudad Juárez no es cualquier cosa.
Y desde luego, lo que diga un Presidente de la República, tiene que ser cuidado, medido, pues va dirigido a una sociedad que con justificada razón hace varios cuestionamientos, entre ellos, quizá los principales: "¿Qué está pasando?", "¿Qué sigue?", "¿Hasta dónde y como va a parar esto?.
Pero, si además, el jefe del Ejecutivo se encuentra de viaje, está del otro lado del mundo, puede pensar que tendrá que darse tiempo para recibir la información confidencial, la más completa, sobre lo ocurrido, y que para ello tendrá que recibir los reportes de los integrantes de su gabinete que están metidos en el área de la seguridad nacional.
Me gusta escucharlos y platicar de ellos.
Son en su mayoría, gente de la tercera edad que después de meterse al vapor, luego de bañarse, como Dios los trajo al mundo -bueno, no los trajo tan arrugaditos-, en pelotas pues, se ponen a charlar.
Aquella noche, no nos dejaron entrar al Bar Bar. Quien nos invitaba conocía al que, dijo, era el gerente.
Habíamos ido al Estadio Azteca a un juego de mi Necaxa contra el Toluca. Andábamos alegrones. Bueno, medio borrachos.Llegamos, nos formamos, mi amigo pidió que dijeran su nombre al gerente. Le envió una tarjeta.
Minutos después, el que cuidaba la puerta y seleccionaba a quienes podían pasar nos hizo la seña de que entráramos.
Pero de pronto, nos detuvo. "¡No pueden pasar, así no pasan!" dictaminó. "Pero si venimos bien"respondió mi cuate extrañado.
Por ello tanto los meseros, los de seguridad y el resto de testigos que se encontraban en el BAR BAR cuando el futbolista Salvador Cabañas fue baleado se negaban a dar la información completa.
Una y otra vez, unos y otros daban distintas descripciones de los agresores. Por eso no hubo durante todo el lunes un retrato hablado de ellos.
Me platicaba hace algunas semanas Fernando Gómez Mont que cuando habló con Felipe Calderón Hinojosa sobre la posibilidad de que llegara a la secretaría de Gobernación, tras la muerte de Juan Camilo Mouriño, el presidente de la República le advirtió que la situación estaba difícil, y que por muchos conceptos el trabajo sería complicado, muy duro.
"Le dije a Felipe que lo sabía, que se lo decía sin falsa modestia, pensaba que por eso me había llamado a mí y que precisamente por las dificultades, por los retos que implicaba, me interesaba entrarle" agregó Fernando a quien conocí hace más de 20 años, cuando fue a la tribuna de la Cámara de Diputados constituída con los presuntos legisladores en Colegio Electoral, para denunciar el fraude cometido en las urnas que le había quitado el triunfo.
Estuve algunas veces en la casa de sus padres, en la que aún vivían sus hermanas Tere y la Tatis. Supe de la buena amistad que llevaban con el entonces regente capitalino Manuel Camacho.
Soy reportero, cronista. Y lo seré hasta el último de mis días. Y si volviera a nacer… pues lo mismo o mejor si se pudiese. Aquí, en EL UNIVERSAL, mi cuna, mi casa, fui reportero de Espectáculos. Y posiblemente eso me ha ayudado a comprender a quienes participan en el gran escenario de la política. Y he podido verlos y describirlos sin maquillajes. Me he metido en sus camerinos, y he podido ver lo que hay entre las líneas de sus parlamentos. Ellas, ellos, ni buenos ni malos, políticos. En la lucha por el poder. Y sus perfiles, y sus historias, en escena o tras bastidores.
Soy caminante de nuestros caminos, los de ustedes, los míos. Y de ello hablamos, porque somos DE CONFIANZA usted o… tu… o tu y yo. Nosotros. En la producción de EL UNIVERSAL Televisión, en este portal, de lunes a viernes a las 19.30 horas, y como una nueva experiencia en nuestro país, al mismo tiempo, con el blog que te necesita, que quiere saber lo que piensan, lo que dicen, lo que opinan tu, tu, ustedes, nosotros. ¿Listos? ¡A encontrarnos!